
Nací hace 25 años en el Hospital Paula Jara Quemada, en Santiago de Chile. Un precioso día de primavera. Nací veinte para las dos de la tarde. Según mi papá cuando nací tenía cara de ratón. Nací por parto normal cuando mi mamá tenía exactamente mi misma edad. Mis primeros años los pasé en Melipilla, una provincia campesina de la Región Metropolitana. A los dos años me fui a vivir a Santiago a la casa de mis abuelos maternos. Como el terreno era grande mi tata nos construyó una casa de madera mononita para mis papás y para mí. Todos mis recuerdos de infancia (los más hermosos y los más feos) me llevan a ese lugar. Recuerdo que mi abuelo criaba conejos, tenía un parrón, un limón, un níspero, un almendro, muchos perros y gatos, patos, pollos y un sin fin de animalitos. Mi tata, me peinaba, me hacía el almuerzo, me contaba historias, era el mejor abuelo que cualquier niña podría desear. Mi primer perro fue un quiltro llamado Benjie, que estuvo conmigo desde que nací hasta que cumplí dieciséis. En ese lugar pasé mis más hermosas navidades, cumpleaños, año nuevo y vacaciones. Viví allí por espacio de diecinueve años, hasta que mi amado tata murió de cáncer. Tuvimos que emigrar entonces a otro lugar. Para ese entonces ya tenía dos hermanos; Juan y Daniel, a los dos les puse su nombre. Al irnos encontramos una casa enorme a las cercanías de la carretera, a unos cuantos minutos de mi antigua casa. Tenía 4 dormitorios, un enorme patio con un naranjo, una cocina grande y luminosa y una cabañita en la parte de atrás, que fue mi refugio por algún tiempo.
Ahora que han pasado cinco años desde que salí de la casa de mi abuelo y un poco más de dos meses desde que dejé la casa de mis padres, vivo aquí en un piso doce, en un departamento junto a mi esposo. Con el cual llevo casi tres meses de feliz matrimonio. Puedo decir que él es mi mejor amigo y confidente. Es el amor que siempre estuve buscando. Sencillo, que se alumbra así mismo, que no necesita más, por que él en sí lo es todo. Tiene la paciencia de amarme en la medida justa. Me hace reír como nadie. Me ha enseñado cosas de la vida que nadie más había hecho.
Desde que nací hasta ahora no se si he llevado una vida singular. He sido siempre el tipo de chica que no habla demasiado si no tiene confianza, sensible hasta más no poder. Tristona a veces. Y aunque mi vida no ha sido tan difícil, si he tenido grandes dolores, grandes pérdidas. He llorado mucho, creo que más de lo que he reído. Pero he podido darme el lujo de disfrutar de mis grandes felicidades.
Tengo 25 y ganas de vivir la vida en todo su esplendor. Sin importar los contratiempos o las desilusiones. ¡Feliz cumpleaños a mí!
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