Acertaste; esto es una despedida,
de las miles que se acumularon en mi
espalda
es un hasta luego, hasta siempre, hasta nunca
es un adiós simple y sin rodeos,
sin lágrimas o abrazos que se corrompen
a nuestro cuerpo
es un final austero a tanto llanto colándose
por los ojos
nos cansamos, me cansé de mirar atrás y
dejar caer chorros de agua desde mis ojos
Despedirse es extrañar todo aquello que no
fue tuyo
lamentar no abrir la puerta cuando llamaban
no contestar las cartas que el destino escribió
con sangre
pero es momento de anunciar el fin
ahuyentar el miedo a salir por esa puerta
de color ocre, con manilla de bronce
esa puerta que rechina en mis oídos y hace
temblar mi espíritu
En el cajón del velador quedarán nuestros
recuerdos, junto a la fotografía amarillenta
los pinches y el papel con tu número de
teléfono
me despido de ti muerte, para no volver
a dormir jamás con tu susurro en mi oído
para olvidarme que existes en cada filamento
de mi ser
para llevarte tras mis pasos y jamás jamás
mirar atrás
3 comentarios:
Genial, me encantó el giro del final y el mensaje.
Un saludo.
Marina, vine a retribuirte la visita y me encontré con un hermoso texto, te felicito. Ya me anoto como seguidor así no perdemos contacto semanal.
Te manda un beso este brasileño en Argentina.
Humberto.
Por algo naciste en el país donde la poesía va por la sangre con más fuerza que en otros lugares. Naciste con las palabras de grandes como cuna. Eso se evidencia, en la ceremonia interior que se despierta. Espero seguir leyendote en adelante.
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