confieso que he vivido al límite de lo correcto
con el deseo de la muerte clavando mis venas
adormilada, convulsa, desplegando sutilezas
acostumbrada al vacuo caricias que no flecharon
mi corazón desterrado
confieso que más de una noche pensé en herir
todo lo que estaba ante mis ojos
hasta el amor, que agonizando me pedía una revancha
desperté con las pestañas muertas de tanto parpadeo
inconcluso
confieso que a veces he dejado de respirar
y me extingo en cada oscuro sueño
que me busca como si fuera un animal perdido
a veces yerro antes de tocar lo perfecto
a veces simplemente me confieso
ante un altar chorreado de maldiciones
confieso que no es amor ni locura
que no es carne ni espíritu
ni alma corrompida
es sed hermano, sed de ver la destrucción
y la blasfemia que no dicen mis labios
pero que mis ojos desde el interior
ven crecer como pastizales
confieso el miedo y el desorden
confieso el caos de mi alma
porque un día como hoy ha muerto
alegría y destino
ha muerto la verdad que hacía de cada paso
el fiel camino hacía un sol luminoso
ahora hacía el averno