lunes 23 de enero de 2012

***

cito, algunas palabras de tu boca
y el fin del mundo se acerca a nuestros ojos
el fieltro del sofá se hace cada vez más espeso
libros y poemas atestan los gabinetes
prefiero
contar el espacio entre tu rodilla y mi pelo
milímetros
la nada, espesor en silencio y afuera el tronar de metralletas
clavo mis uñas en tu tobillo
no es miedo a la muerte
sino
al silencio

Génesis

desprenderse del alma
clavar estaca en el centro del pecho
vomitar todas las noches en vela mirando el cielo raso
elemental vinculo con algún pensamiento asesino

sobre alfombra y suelo seco
me lloro y pálido el rostro abro los ojos
y sin pronunciar tu nombre
te concibo, imagino contigo
el latir primero del mundo

miércoles 24 de noviembre de 2010

Decisiones

la vida es subir o bajar escaleras
buscar la entrada o la salida
es tener o dejar lo amado y esconderse
complacer al cuerpo o a la mente
es trabajar o descansar
matar o morir
la vida está hecha de si y no
escoger un camino u otro
pertenecer o ser libre
aconsejar o corromper/ser corrompido
escribir o dibujar (en ambos casos es la misma imagen,
el mismo centro destruido)
el cofre esconde un tesoro o una sentencia
y para todo la consecuencia es el mismo llanto
la vida son estas letras o los ojos que las leen
es placer o culpa que se chorrea
dar o recibir
la misma baba que cae de alguna boca maltrecha
no hay palabras escondidas
hay decisiones intransigentes
apretar el botón o dejarlo deshacerse con el tiempo
abrir la boca o cerrarla
la vida es esto o aquello
una ecuación con el mismo resultado
“el orden de los factores no altera el producto”
la consecuencia es de todos modos fatal

lunes 22 de noviembre de 2010

¡Feliz Cumpleaños!


Nací hace 25 años en el Hospital Paula Jara Quemada, en Santiago de Chile. Un precioso día de primavera. Nací veinte para las dos de la tarde. Según mi papá cuando nací tenía cara de ratón. Nací por parto normal cuando mi mamá tenía exactamente mi misma edad. Mis primeros años los pasé en Melipilla, una provincia campesina de la Región Metropolitana. A los dos años me fui a vivir a Santiago a la casa de mis abuelos maternos. Como el terreno era grande mi tata nos construyó una casa de madera mononita para mis papás y para mí. Todos mis recuerdos de infancia (los más hermosos y los más feos) me llevan a ese lugar. Recuerdo que mi abuelo criaba conejos, tenía un parrón, un limón, un níspero, un almendro, muchos perros y gatos, patos, pollos y un sin fin de animalitos. Mi tata, me peinaba, me hacía el almuerzo, me contaba historias, era el mejor abuelo que cualquier niña podría desear. Mi primer perro fue un quiltro llamado Benjie, que estuvo conmigo desde que nací hasta que cumplí dieciséis. En ese lugar pasé mis más hermosas navidades, cumpleaños, año nuevo y vacaciones. Viví allí por espacio de diecinueve años, hasta que mi amado tata murió de cáncer. Tuvimos que emigrar entonces a otro lugar. Para ese entonces ya tenía dos hermanos; Juan y Daniel, a los dos les puse su nombre. Al irnos encontramos una casa enorme a las cercanías de la carretera, a unos cuantos minutos de mi antigua casa. Tenía 4 dormitorios, un enorme patio con un naranjo, una cocina grande y luminosa y una cabañita en la parte de atrás, que fue mi refugio por algún tiempo.
Ahora que han pasado cinco años desde que salí de la casa de mi abuelo y un poco más de dos meses desde que dejé la casa de mis padres, vivo aquí en un piso doce, en un departamento junto a mi esposo. Con el cual llevo casi tres meses de feliz matrimonio. Puedo decir que él es mi mejor amigo y confidente. Es el amor que siempre estuve buscando. Sencillo, que se alumbra así mismo, que no necesita más, por que él en sí lo es todo. Tiene la paciencia de amarme en la medida justa. Me hace reír como nadie. Me ha enseñado cosas de la vida que nadie más había hecho.
Desde que nací hasta ahora no se si he llevado una vida singular. He sido siempre el tipo de chica que no habla demasiado si no tiene confianza, sensible hasta más no poder. Tristona a veces. Y aunque mi vida no ha sido tan difícil, si he tenido grandes dolores, grandes pérdidas. He llorado mucho, creo que más de lo que he reído. Pero he podido darme el lujo de disfrutar de mis grandes felicidades.
Tengo 25 y ganas de vivir la vida en todo su esplendor. Sin importar los contratiempos o las desilusiones. ¡Feliz cumpleaños a mí!

domingo 19 de septiembre de 2010

Adiós

Acertaste; esto es una despedida,
de las miles que se acumularon en mi
espalda
es un hasta luego, hasta siempre, hasta nunca
es un adiós simple y sin rodeos,
sin lágrimas o abrazos que se corrompen
a nuestro cuerpo
es un final austero a tanto llanto colándose
por los ojos
nos cansamos, me cansé de mirar atrás y
dejar caer chorros de agua desde mis ojos

Despedirse es extrañar todo aquello que no
fue tuyo
lamentar no abrir la puerta cuando llamaban
no contestar las cartas que el destino escribió
con sangre
pero es momento de anunciar el fin
ahuyentar el miedo a salir por esa puerta
de color ocre, con manilla de bronce
esa puerta que rechina en mis oídos y hace
temblar mi espíritu

En el cajón del velador quedarán nuestros
recuerdos, junto a la fotografía amarillenta
los pinches y el papel con tu número de
teléfono
me despido de ti muerte, para no volver
a dormir jamás con tu susurro en mi oído
para olvidarme que existes en cada filamento
de mi ser
para llevarte tras mis pasos y jamás jamás
mirar atrás

sábado 18 de septiembre de 2010

Mil caminos

Discúlpame por no escribir más de la cuenta,
por dejar que los dedos paren de hablar
acerca de la muerte.
Siento que la vida se me ha ido entre cartas y
sueños rotos. El columpio
sigue su vaivén de siempre y
no encuentro, una vez más,
las palabras correctas para detenerlo.
Me derrumbo sobre estas letras porque
no sé para qué sirven. Para qué me
están buscando una y otra vez.
El charco de la angustia y
la enfermedad mental siguen subiendo.
No sé si están aquí para matarme o
ayudarme a nadar corriente arriba.
Sigo aquí con el puño en alto, pero
cansa sostenerlo durante tantas
horas muertas sobre la cabeza.
Cansa estar dormida, de pie, recostada o
en pleno vuelo. Quiero detenerme un
segundo en esa banca. Sentarme a medir
los centímetros que me faltan para llegar a
la próxima salida.
Se aleja cada vez que tomo una ruta diferente.
El camino real es sinuoso y me pierdo.
Lamento no escribir los versos terribles
de la ausencia. He perdido el miedo a lo
desconocido. Ahora temo encontrarme con
el pasado, con el recuerdo infame de
tantas despedidas.
Ni me conoces, ni me conozco.
A parte de este rudimentario cuerpo, no he visto
más allá de mis carnes. Hay un laberinto
que explorar detrás de mis ojos,
pero es mucho trabajo salir de él.
Cómo hacer para revivir estas horas muertas
con letras chorreando de mis dedos.
Cómo hacer para parir esto 24 meses de
espera. Al triturar mis huesos encuentro
nuevos caminos y no sé cuál tomar. Por dónde ir.
La salida está siempre en el extremo más
lejano.
Dónde botar todas las historias deformes que
almaceno en el sótano. Las llevo a cuestas como
enormes sacos de desperdicio.
He allanado miles de veces el mar enorme
de mi mente, sin poder vaciar ni la más
mínima parte de todo aquello que se
comienza a podrir allí. Tanta fantasía,
tanto palabreo acumulándose y yo
queriendo partir con la mochila ligera.
Me doy cuenta que por más que intente
liberarme de este yugo, por más que camine y
llene botes de basura, la condena está dictada.
Cadena perpetua.

PORQUE ESCRIBÍ




A Cristina y Angélica

Ahora que quizás, en un año de calma,
piense: la poesía me sirvió para esto:
no pude ser feliz, ello me fue negado,
pero escribí.

Escribí: fui la víctima
de la mendicidad y el orgullo mezclados
y ajusticié también a unos pocos lectores;
tendí la mano en puertas que nunca, nunca he visto;
una muchacha cayó, en otro mundo, a mis pies.

Pero escribí: tuve esta rara certeza,
la ilusión de tener el mundo entre las manos
—¡qué ilusión más perfecta! como un cristo barroco
con toda su crueldad innecesaria—
Escribí, mi escritura fue como la maleza
de flores ácimas pero flores en fin,
el pan de cada día de las tierras eriazas:
una caparazón de espinas y raíces

De la vida tomé todas estas palabras
como un niño oropel, guijarros junto al río:
las cosas de una magia, perfectamente inútiles
pero que siempre vuelven a renovar su encanto.

La especie de locura con que vuela un anciano
detrás de las palomas imitándolas
me fue dada en lugar de servir para algo.
Me condené escribiendo a que todos dudarán
de mi existencia real,
(días de mi escritura, solar del extranjero).
Todos los que sirvieron y los que fueron servidos
digo que pasarán porque escribí
y hacerlo significa trabajar con la muerte
codo a codo, robarle unos cuantos secretos.
En su origen el río es una veta de agua
—allí, por un momento, siquiera, en esa altura—
luego, al final, un mar que nadie ve
de los que están braceándose la vida.
Porque escribí fui un odio vergonzante,
pero el mar forma parte de mi escritura misma:
línea de la rompiente en que un verso se espuma
yo puedo reiterar la poesía.

Estuve enfermo, sin lugar a dudas
y no sólo de insomnio,
también de ideas fijas que me hicieron leer
con obscena atención a unos cuantos psicólogos,
pero escribí y el crimen fue menor,
lo pagué verso a verso hasta escribirlo,
porque de la palabra que se ajusta al abismo
surge un poco de oscura inteligencia
y a esa luz muchos monstruos no son ajusticiados.

Porque escribí no estuve en casa del verdugo
ni me dejé llevar por el amor a Dios
ni acepté que los hombres fueran dioses
ni me hice desear como escribiente
ni la pobreza me pareció atroz
ni el poder una cosa deseable
ni me lavé ni me ensucié las manos
ni fueron vírgenes mis mejores amigas
ni tuve como amigo a un fariseo
ni a pesar de la cólera
quise desbaratar a mi enemigo.

Pero escribí y me muero por mi cuenta,
porque escribí porque escribí estoy vivo.

Enrique Lihn